martes, 12 de abril de 2016

"Un lector es alguien consciente de su lugar en el mundo"

  

La nación- Argentina

Domingo 20 de marzo de 2016
 
 
CÓRDOBA.- Única hispanoamericana ganadora del premio Hans Christian Andersen, el "Nobel" de la literatura infantil y juvenil, la narradora, docente y poeta María Teresa Andruetto (Arroyo Cabral, 1954) es una de las personalidades más destacadas de la cultura nacional. Su pensamiento sobre la literatura para niños y jóvenes, su tarea en la promoción de la lectura y su escritura profunda y sutil, que brota en géneros diversos e incluso antagónicos, definen el perfil singular de una artista inquieta.
Andruetto asiste a la cita en el centro de la ciudad de Córdoba desde Cabana, pueblo vecino a la localidad de Unquillo. En 2015, la autora cordobesa publicó Los manchados (Literatura Random House) -novela que integra una serie con otras ficciones suyas, como Tama y Lengua Madre- y La lectura, otra revolución (Fondo de Cultura Económica), que agrupa textos sobre literatura para niños, la lectura como un derecho universal, mediadores culturales y la literatura como factor de libertad: material indispensable para docentes, padres y también funcionarios públicos de las áreas de cultura y educación. Andruetto modera el blog www.narradorasargentinas.blogspot.com.ar y codirige la colección Narradoras Argentinas de la editorial Eduvim, junto con Carolina Rossi y Juana Luján. En esa colección se publicaron libros de Elvira Orpheé, Amalia Jamilis y Andrea Rabih, entre otras escritoras cuya obra merece conocerse más y mejor.
¿Su familia era una familia lectora?
Sí. En una conjunción rara, porque el tema de la lectura viene de mi bisabuela, pero eran lectores pobres. Mi bisabuela, que nació durante la primera presidencia de Sarmiento, era hija de trabajadores italianos golondrina. Se fue a Italia de chica y volvió a la Argentina más tarde, y en un pueblo de la llanura ella y mi abuela eran las que les escribían las cartas en italiano o castellano a los que tenían parientes lejos. Después, mi madre fue una lectora apasionada, con mucha frustración porque vivió en un pueblo donde no había ni secundario e hizo sólo el primario, en Arroyo Cabral, que es donde yo nací. En ese lugar vivían estas mujeres, colchoneras, trabajadoras jornaleras? Mi mamá trabajó como maestra sin ser maestra, enseñó a leer a muchos niños; luego la familia se mudó a Oliva. Siempre fue muy lectora y tuvo ese deseo de escribir, del que yo me apropié. Mi papá era italiano, vino a la Argentina a los 28 años, estuvo en la Segunda Guerra. Era un hombre que tenía formación terciaria, él venía de otro estrato social, había vivido en Turín, Milán, Roma, tenía otro mundo. Llegó en diciembre de 1948; extraño, porque muchos de los que ingresaban en la posguerra eran seguidores del fascismo, pero mi padre estuvo en el movimiento partisano. Él siempre tenía libros en casa, era una familia que con el sueldo del trabajo compraba libros.
¿Cuáles fueron sus primeras lecturas?
Fueron un poco eclécticas; en mi casa había mucho diccionario, enciclopedias. No tengo recuerdos en que los libros no estuvieran de por medio, aprendí a leer en la casa, sola, antes de ir a la escuela. Leía indiscriminadamente: desde la vida de san Francisco, santa Clara, clásicos de la colección Robin Hood... Recuerdo a mi madre, emocionada, leyéndonos Corazón. A mi madre le gustaba leer y nos leía sus cosas, que no eran para nosotras, pero era su voz, a la noche. Cuando iba a tercer grado empecé a leer para inventar, y ahí algo cambió. Fue una mezcla de situaciones, sumada a las poesías de mi mamá, Almafuerte, Storni; esto fue así hasta que terminé el primario. Ahí, en la biblioteca de la escuela, descubrí a los consagrados contemporáneos argentinos de la época: Sabato, Borges, Bianco. En mi casa los aprobaban porque eran los autores que aparecían en los diarios. Siempre estaba averiguando qué libro poder pedir en el bazar, porque vivía en un pueblo donde no había librería. A mi casa empezó a llegar una revista, que tenía una página de recomendación de libros; en esas críticas encontré a Simone de Beauvoir, Violette Leduc, autoras que no hubieran llegado a una chica de pueblo si no hubiera sido por eso.
¿Cuáles son las pautas que da a los formadores de lectores?
La literatura necesita de la industria para vivir y creo que es importante que haya una fuerte industria nacional del libro, pero uno no tiene que olvidar que el libro es al mismo tiempo un objeto del espíritu y una mercancía, y ahí está la capacidad del docente de seleccionar qué da a los lectores. Es diferente del que lee sólo para sí. Yo insisto, pensando en un maestro o un profesor: uno se puede equivocar, de hecho lo hace, y el camino se hace de esas cuestiones erráticas, pero un docente se debe ver a sí mismo como alguien responsable de lo que decide traspasar, no un mero repetidor de lo que otro dice. Creo que por ahí pasa el centro ideológico de la cuestión; después, cuantas más lecturas tengo, mejor lector soy. Hay caminos para expandirlo, pero hay que ser sujeto de lo que se hace, no un conductor de algo que viene de otros y que así otro piense por uno, ya sea editoriales, el Estado, los equipos. Todas nuestras opiniones deben pasar por el tamiz de lo personal, y así nos permitimos traspasar a otro cierta cosa de lo que recibimos. Basta con tener buenos libros, procurarse buenos momentos de encuentro y poder sostenerlo en el tiempo. Con esas tres cosas, un niño se puede convertir en un lector.
Es importante la escuela para reforzar ese circuito.
Creo que donde hay un lector es porque siempre hubo otro lector antes que abrió. La familia no siempre está, pero la que siempre está es la escuela. Todos pasamos por la escuela, y ahí sí hay una oportunidad de construir y de abrir una puerta que puede ser fundamental para la vida de alguien. Hablamos de buen lector o hablamos de literatura: hay varias concepciones de literatura, puede ser aquello que leemos y abre en nosotros un estado de interrogación, de volvernos sobre nosotros mismos, ayudando a abrir un camino hacia lo propio, entendiendo lo propio como lo más individual, lo profundo y lo social, el contexto en el que uno vive y se desarrolla. Es lo que dice Clarice Lispector acerca del escribir, pero se aplica también a cuando se lee con profundidad: "El largo camino hacia la propia cosa". Convertirse en un lector así es convertirse en una persona más consciente de sí y del lugar que ocupa en el mundo, el contexto donde vive, la condición de vida, y entonces se va poniendo más crítico.
¿Está de acuerdo con esa idea de que los jóvenes leen poco?
A medias. El libro te pone en tensión con lo oficial, lo correcto, por eso es importante que en la escuela haya un espacio de desobediencia radical que la ficción o la poesía pueden ofrecer en el sentido de que prime la sugerencia del mensaje, lo abierto al imaginario del otro. En la literatura infantil sucede mucho que hay clichés, como la sobreprotección temática y de lenguaje del destinatario. Eso persiste mucho. Un cuidado excesivo de lo complejo, de lo inquietante, de lo no resuelto más que de ciertos asuntos. La importancia de dejarlo tranquilo al chico. A veces está bueno que no se quede tranquilo. Con el tema de la corrección política y los nuevos asuntos que preocupan a la sociedad, aparecen textos adecuados, por ejemplo, sobre una relación homosexual o familias ensambladas. No creo en el escritor que va directo a escribir sobre la agenda social, sino que hay algo de afuera que impacta en el adentro y produce la creación, que es más compleja. A mí me parece que cuando un escritor escribe sus ficciones tiene que entregarse a ese mundo ficcional, no imponerle tantas condiciones, sino trabajar con los indispensables condicionamientos formales. Puede suceder que resulte complejo para una edad y lo lea otra, pero el escritor no debe pensar en esto, sino que eso es un trabajo del mediador, del maestro.
¿Cuál es su mirada sobre la literatura que se produce para el público infantil en la Argentina?
Hay un crecimiento muy notable; se edita mucho. Averigüé la cifra en 2013 y eran 14.000 títulos para niños y jóvenes al año, de los casi 50.000 que se editan en general. Es una zona que da mucho dinero porque tiene un público cautivo. Incluso un padre no lector se interesa en comprarle un libro al niño. En estos últimos años el Estado compró 50 millones de ejemplares para los niños; te aseguro que muchas de las pequeñas editoriales no hubieran surgido sin ese apoyo. He publicado en editoriales grandes, pero también por elección. Me interesa mantener la vinculación con las editoriales pequeñas. Creo que muchas cosas nuevas encuentran su lugar primero en editoriales chicas y cuando funcionan las toman también las editoriales grandes.
Pensé que elegía las editoriales por género. Ensayos en FCE, ficción para adultos en Random, la poesía en las editoriales cordobesas?
Bueno, en un punto también. Publicaba ciertas cosas en Sudamericana cuando era un sello nacional y sucedió que tomaron mis novelas adultas. Creía que estaba bien que el grueso de mi historia narrativa estuviera reunida en el mismo lugar. Ese espacio primero fue Mondadori, luego Random, ahí está mi obra para adultos. Y quedaron los libros de historias juveniles. Algunos de los libros para niños e ilustrados están en Santillana, y en Comunicarte, en Eclipse, Calibroscopio, probablemente salga uno en Pequeño Editor. Para la poesía siempre elegí Córdoba. Mis libros Kodak y Pavese se refieren a la procedencia italiana de mis abuelas; en Kodak están los italianos en Córdoba y en Pavese, los italianos allá. En Kodak están la enfermedad y muerte de mi hermana, y mi infancia con ella. Escribí los poemas de Kodak a lo largo de diez años. Sueño americano también tiene que ver con la infancia; a mí me gustaba esa historia de las dos chicas, Patti Smith y yo, una de Nueva York, otra en un pueblito cordobés.
Su obra narrativa para adultos creó una especie de serie sobre la memoria colectiva.
Nunca trabajo con programas de escritura, así que no estaba premeditado. Escribí y necesitaba escribir pero nunca me había imaginado ser escritora, me imaginaba como profesora de literatura. Pero a mis 28 años tuve una enfermedad después de ser mamá. Las tías abuelas de mi hija eran riojanas y fui a hacer mi convalecencia allá. Y en reposo, empecé a escribir una novela: Tama. Años después escribí La mujer en cuestión, y después Lengua Madre, un libro muy de la llanura. El mundo de la llanura cerealera, de los gringos inmigrantes, del deseo de ascenso. Lengua Madre tuvo muchas reimpresiones, fue leído en espacios de posgrados, pero también por lectores comunes, sobre todo por mujeres. Mucha gente me preguntó por qué los padres no estaban, y luego apareció en la protagonista la intención de conocerlos, y allí se une con Tama, mi otra novela. De una manera más contemporánea y ficcional se logró unir. Acabo de terminar un libro de cuentos que calculo se publicará el año próximo, este año salieron traducciones en el exterior, Italia, Brasil, Eslovenia, Corea, y libros para niños en América Latina.
¿Cuál es su opinión sobre la política cultural del kirchnerismo y sobre lo poco que se conoce de la nueva gestión?
Creo que en políticas culturales se hicieron muchas cosas muy importantes en estos últimos doce años. La más importante me parece que fueron las compras estatales de libros destinados a escuelas de todo el país. También ampliaron el cupo de electores de los libros, así no primaba el lobby entre editoriales. Me parece fundamental que se siga con esto, con el programa Sur de traducciones, con el sostén de espacios culturales que dependan de nación, provincia o municipios. En Unquillo, el lugar donde yo vivo, han sido despedidas doscientas y pico de personas en el sector de programas culturales, y están en lucha, en una conciliación obligatoria, esperando que les den una respuesta. Sería importante que siga la gente del Centro Cultural Kirchner, que se sostenga, que no se vea la cultura como una cuestión partidaria sino como un derecho para todos. Sostener los proyectos de investigación, los espacios de recreación, Tecnópolis con entrada gratuita. A lo mejor puede variar a quiénes se invita, pero lo importante es que el espacio permanezca. Es una cuestión de federalización de los recursos.

¿Por qué la entrevistamos?

Porque une el talento narrativo y poético con una singular obra de formación de docentes y promoción de la lectura



lunes, 11 de abril de 2016

Nota final del II período del 2015


 

   Nota final
Buggiani, Aldo SI
Chacín, José G. 16
Echezuría, Mayerli 16
Finol, Dayana 12
Garrido, César M. 17
González, D María SI
Jiménez, Génesis 13
León, Izabo 17
Maldonado, Claudia 16
Morales, Alexándry 13
Murillo, Sindy P. 14
Muya R., Lissethe si
Portillo L., Krysttyams 8
Rincón, Alex 10
Rivera, María 15
Romero, Heilyn SI
Zarate, César SI

sábado, 2 de abril de 2016

Examen final este lunes 4 de abril a las 9 a.m

                                                                            Aviso


Le informo a los estudiantes de la cátedra que el examen final será este lunes 4 de abril, a las 9 a.m, tal como estaba pautado, ya que el paro fue suspendido.

Para la evaluación final irá todo lo visto, incluyendo los dos libros.

Por favor, lleven hojas de examen.

Nos vemos


sábado, 19 de marzo de 2016

¿De qué sirve el profesor?

Por Umberto Eco


¿En el alud de artículos sobre el matonismo en la escuela he leído un episodio que, dentro de la esfera de la violencia, no definiría precisamente al máximo de la impertinencia... pero que se trata, sin embargo, de una impertinencia significativa. Relataba que un estudiante, para provocar a un profesor, le había dicho: "Disculpe, pero en la época de Internet, usted, ¿para qué sirve?" 

El estudiante decía una verdad a medias, que, entre otros, los mismos profesores dicen desde hace por lo menos veinte años, y es que antes la escuela debía transmitir por cierto formación pero sobre todo nociones, desde las tablas en la primaria, cuál era la capital de Madagascar en la escuela media hasta los hechos de la guerra de los treinta años en la secundaria. Con la aparición, no digo de Internet, sino de la televisión e incluso de la radio, y hasta con la del cine, gran parte de estas nociones empezaron a ser absorbidas por los niños en la esfera de la vida extraescolar. 

 De pequeño, mi padre no sabía que Hiroshima quedaba en Japón, que existía Guadalcanal, tenía una idea imprecisa de Dresde y sólo sabía de la India lo que había leído en Salgari. Yo, que soy de la época de la guerra, aprendí esas cosas de la radio y las noticias cotidianas, mientras que mis hijos han visto en la televisión los fiordos noruegos, el desierto de Gobi, cómo las abejas polinizan las flores, cómo era un Tyrannosaurus rex y finalmente un niño de hoy lo sabe todo sobre el ozono, sobre los koalas, sobre Irak y sobre Afganistán. Tal vez, un niño de hoy no sepa qué son exactamente las células madre, pero las ha escuchado nombrar, mientras que en mi época de eso no hablaba siquiera la profesora de ciencias naturales. Entonces, ¿de qué sirven hoy los profesores? 

He dicho que el estudiante dijo una verdad a medias, porque ante todo un docente, además de informar, debe formar. Lo que hace que una clase sea una buena clase no es que se transmitan datos y datos, sino que se establezca un diálogo constante, una confrontación de opiniones, una discusión sobre lo que se aprende en la escuela y lo que viene de afuera. Es cierto que lo que ocurre en Irak lo dice la televisión, pero por qué algo ocurre siempre ahí, desde la época de la civilización mesopotámica, y no en Groenlandia, es algo que sólo lo puede decir la escuela. Y si alguien objetase que a veces también hay personas autorizadas en Porta a Porta (programa televisivo italiano de análisis de temas de actualidad), es la escuela quien debe discutir Porta a Porta. 

Los medios de difusión masivos informan sobre muchas cosas y también transmiten valores, pero la escuela debe saber discutir la manera en la que los transmiten, y evaluar el tono y la fuerza de argumentación de lo que aparecen en diarios, revistas y televisión. Y además, hace falta verificar la información que transmiten los medios: por ejemplo, ¿quién sino un docente puede corregir la pronunciación errónea del inglés que cada uno cree haber aprendido de la televisión? 

Pero el estudiante no le estaba diciendo al profesor que ya no lo necesitaba porque ahora existían la radio y la televisión para decirle dónde está Tombuctú o lo que se discute sobre la fusión fría, es decir, no le estaba diciendo que su rol era cuestionado por discursos aislados, que circulan de manera casual y desordenado cada día en diversos medios -que sepamos mucho sobre Irak y poco sobre Siria depende de la buena o mala voluntad de Bush. El estudiante estaba diciéndole que hoy existe Internet, la Gran Madre de todas las enciclopedias, donde se puede encontrar Siria, la fusión fría, la guerra de los treinta años y la discusión infinita sobre el más alto de los números impares. Le estaba diciendo que la información que Internet pone a su disposición es inmensamente más amplia e incluso más profunda que aquella de la que dispone el profesor. Y omitía un punto importante: que Internet le dice "casi todo", salvo cómo buscar, filtrar, seleccionar, aceptar o rechazar toda esa información. 
 
Almacenar nueva información, cuando se tiene buena memoria, es algo de lo que todo el mundo es capaz. Pero decidir qué es lo que vale la pena recordar y qué no es un arte sutil. Esa es la diferencia entre los que han cursado estudios regularmente (aunque sea mal) y los autodidactas (aunque sean geniales). 

El problema dramático es que por cierto a veces ni siquiera el profesor sabe enseñar el arte de la selección, al menos no en cada capítulo del saber. Pero por lo menos sabe que debería saberlo, y si no sabe dar instrucciones precisas sobre cómo seleccionar, por lo menos puede ofrecerse como ejemplo, mostrando a alguien que se esfuerza por comparar y juzgar cada vez todo aquello que Internet pone a su disposición. Y también puede poner cotidianamente en escena el intento de reorganizar sistemáticamente lo que Internet le transmite en orden alfabético, diciendo que existen Tamerlán y monocotiledóneas pero no la relación sistemática entre estas dos nociones. 

El sentido de esa relación sólo puede ofrecerlo la escuela, y si no sabe cómo tendrá que equiparse para hacerlo. Si no es así, las tres I de Internet, Inglés e Instrucción seguirán siendo solamente la primera parte de un rebuzno de asno que no asciende al cielo. 


(Traducción: Mirta Rosenberg)
La Nacion/L'Espresso (Distributed by The New York Times Syndicate)


Tomado de : https://www.blogger.com/blogger.g?blogID=8615278178365405699#editor/target=post;postID=5809109644749025702